La inseguridad (o sobre cómo cortarnos las alas)

Enfrentarnos a nuestros miedos es clave para poder expresar y desarrollar todo nuestro potencial como seres humanos y como profesionales

Desarrollo de Talento (VIII) La Inseguridad

Una parte grande de los problemas a los que nos enfrentamos diariamente resultan de sucesos a los que podríamos enfrentarnos sin grandes dificultades si atendiésemos solo a su componente físico objetivo. Sin embargo, dentro de nosotros encontramos una emoción responsable de que dichos problemas adquieran una dimensión mucho mayor de lo que deberían: nuestra inseguridad.

Si atendemos a su significado más puro, la inseguridad hace referencia a la falta de seguridad, lo cual puede entenderse como la existencia de un peligro o un riesgo para uno mismo. Desde el punto de vista emocional, la inseguridad se entiende como un estado general de duda y de desconfianza sobre uno mismo, sobre los demás y sobre el entorno.

La inseguridad es un factor limitante que nos impide expresar y desarrollar todo nuestro potencial como seres humanos y como profesionales, dejando, en nuestro camino, un reguero de frustración y malestar emocional.

La inseguridad emana directamente de nuestro autoconcepto y es un reflejo cristalino de cómo está nuestra autoestima. Además, se constituye como un rasgo de la personalidad que va cristalizando a lo largo de los años en base a nuestra forma de entender y concebir el mundo (recordemos los modelos mentales) y a nuestras experiencias.

Como en el cuento de Jorge Bucay, “El elefante encadenado”, donde un elefante, tras alguna experiencia temprana frustrante, acaba creyendo que la pequeña y débil estaca que lo sujeta a la tierra es demasiado fuerte para él, nuestras experiencias tempranas van dando forma nuestra forma de entender el mundo, y de esta forma se va forjando nuestra inseguridad.

Conocida por todos la enorme limitación que supone vivir sumergidos en nuestras propias dudas, la inseguridad puede ser combatida desde la emoción y desde la cognición. ¿Cómo?

  • Confiando en uno mismo. Desarrollando un espíritu aventurero que nos ayude a confiar en nosotros mismos, aprendiendo a relativizar los problemas, a desdramatizar las situaciones y a enfocarnos en soluciones.
  • Revisando la experiencia. Cuando las dudas nos asaltan, conviene revisar nuestras experiencias para darnos cuenta de las cosas que somos capaces de conseguir y nos permita relativizar los errores.
  • Apoyándonos en los demás. Confiando en los demás, mostrándoles nuestros miedos y nuestras debilidades y dejándonos acompañar por su presencia y su estímulo.

No hay que perder de vista que las inseguridades, aunque en ocasiones parezcan crecer a partir de una base objetiva, no dejan de ser componentes emocionales que nacen dentro de nosotros y ante los que podemos ofrecer respuestas que también surgen de nuestro ser. ¿Quién no ha ido alguna vez a una cita sudando por todos lados para luego descubrir que no era para tanto? Esto se puede extrapolar a muchas otras situaciones que se resuelven de la misma manera. Dentro de nosotros encontramos la manera de enfrentarnos a nuestros miedos, para así romper con ellos. Solo tenemos que querer hacerlo.

Alexander Etxebarria Garate

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