Breve ensayo sobre la ansiedad

Nos agota y, sin embargo, nos recuerda para que hemos venido a la vida. La ansiedad como detonante, purgatorio y avance

Breve ensayo sobre la ansiedad

Nos levantamos con prisa porque llegamos tarde al trabajo. Desempeñamos con mejor o peor suerte y habilidad nuestras tareas, mientras el estrés del día carga nuestras cabezas como una losa cada vez más pesada. Luego, nos espera un breve tiempo de labores sin concluir, de familia sin atender y de vida ya sin ganas de vivir. El corazón palpita más rápido y el pensamiento se distorsiona. La ansiedad se hace más fuerte. Estamos atrapados porque hay algo que nos dice que las cosas no deberían ser así. Es nuestra naturaleza intentándose comunicar.

En la actualidad se estima que casi 1 de cada 4 personas en España acuden a los ansiolíticos para rebajar el estrés psicológico que generan sus vidas. Y, sin embargo, en nuestra ajetreada cotidianeidad, es algo que hemos normalizado e incluso aceptado. El mundo nos impone sus normas y debemos aceptarlas si queremos vivir como nos han prometido que íbamos a vivir. Las cartas marcadas se han repartido antes incluso de comenzar la partida y solo somos jugadores empeñados en apostarlo todo a una escalera que en realidad nunca va a salir.

Hay quien dice que la vida es eso que pasa mientras se van haciendo de polvo nuestros sueños, aquello que sucede mientras nos dedicamos a sobrevivir. A respirar una vez más, avanzando hacia un objetivo tan aleatorio como el algoritmo de nuestra propia creación. ¡No seas loco!, te dicen, mientras mantienes una discusión interna sobre los límites de tu propia realidad. Y en eso que crecen las sombras, los demonios. Hasta que no te queda más remedio que claudicar y dejar de pelear. Han ganado la batalla de tu existencia y, aún, no tenías respuesta sobre el concepto de vida y tu lugar.

Pero en el mundo no hay fatalidad sin esperanza que la siga, y, en algún sitio, de pronto suena una canción. Un acorde que te recuerda que hay algo más. Que la vida no consiste en pasar, sino en sentir, y que puedes hacerlo otra vez. Las discusiones se acallan ante el sonido de un piano, de una orquesta, de una voz, quizás. El corazón se relaja y vuelves a estar en armonía con tu realidad. Con la mente libre de prejuicios, abierta a disfrutar, abierta al mar, abierta a salir a navegar.

Porque en eso consiste la vida al final. No en hacer polvo nuestros sueños, sino en viajar construyendo nuestra propia realidad, en crecer, en madurar. En encontrar un ancla que nos serene y nos recuerde que se puede estar en paz. Que el estrés es pasajero y que todo es perfecto dentro de su imperfección. Que solo existe aquello que estás preparado para disfrutar. Y que no hay nada más.

Solo así los demonios se van. Solo así, reconociendo su propia fragilidad, tu propia paz. El miedo y la ansiedad dejan paso a un poderoso concepto de libertad. Y la vida ya no es un juego de azar en el que solo se puede perder o ganar. Ahora es algo tuyo. Ahora es algo que va más allá. Aunque, si te preguntan, sigas sin poderla explicar.

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